Mis manos ya no me pertenecen
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- Categoría: P. Juan Antonio Gómez, SHM
Ordenado a los 24 años, el P. Juan Antonio Gómez, Siervo del Hogar de la Madre, reflexiona en este programa - después de más de 28 años de vida sacerdotal - sobre el día de su ordenación. Vivió este día con una alegría íntima, centrado en el Señor, y con el paso de los años profundiza cada vez más en lo que es ser «otro Cristo». Después de este momento, las manos ungidas del sacerdote ya no le pertenecen, están al servicio de Cristo y de la Iglesia, para llevar la misericordia de Dios a todos los hombres.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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