Un tiempo para Dios
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- Categoría: D. José García Hernández
D. José García Hernández —de la Diócesis de Alcalá de Henares— recuerda que el sacerdote no es sacerdote solo ocho horas al día, o lo que dura su jornada «laboral», sino que lo es siempre, y por tanto, es necesario que santifique cada segundo de su tiempo para el Señor. En este aspecto, hay que destacar la importancia del rezo de la Liturgia de las Horas, a la que el sacerdote se compromete, públicamente, delante de su obispo, en la ordenación diaconal y sacerdotal. La Liturgia de las Horas está compuesta por textos inspirados y revelados por el Señor, que ayudan al sacerdote a hacer de su vida una oración continua cuyo centro sea Dios.
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Hoy, debido a la escasez de vocaciones sacerdotales, la cantidad de actividad pastoral que tienen que atender los sacerdotes es desbordante. Dentro de esta situación, el mayor riesgo que corre el sacerdote es acabar en un activismo sin descanso con la posible consecuencia de terminar olvidándose de lo más importante: Dios. Para que esto no suceda, D. Carlos Bou Aliaga, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, ve innegociable hacer diariamente un rato de adoración ante el Santísimo Sacramento, a ser posible a primera hora de la mañana, para ver delante del Señor lo que realmente Él le está pidiendo. Haciendo esto, el sacerdote se asegura actuar siempre según la voluntad de Dios y ayudará mucho más que si se apoyara solo en sus propias fuerzas.
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