Un tiempo para Dios
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- Categoría: D. José García Hernández
D. José García Hernández —de la Diócesis de Alcalá de Henares— recuerda que el sacerdote no es sacerdote solo ocho horas al día, o lo que dura su jornada «laboral», sino que lo es siempre, y por tanto, es necesario que santifique cada segundo de su tiempo para el Señor. En este aspecto, hay que destacar la importancia del rezo de la Liturgia de las Horas, a la que el sacerdote se compromete, públicamente, delante de su obispo, en la ordenación diaconal y sacerdotal. La Liturgia de las Horas está compuesta por textos inspirados y revelados por el Señor, que ayudan al sacerdote a hacer de su vida una oración continua cuyo centro sea Dios.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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