Don Tino Bergamaschi
En este bloque de «El Sacerdote» entrevistamos a D. Tino Bergamaschi, sacerdote de la diócesis de Brescia (Italia). Compartirá con nosotros las claves de su experiencia ministerial: la importancia de la oración, el lugar del sacramento de la Eucaristía en la vida del sacerdote, el papel que tiene en su vida la Virgen María, y otras más.
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D. Tino Bergamaschi explica que la verdadera alegría se encuentra en el cumplimiento de la voluntad de Dios. No debemos tener miedo de Dios. Al contrario, debemos abrir más nuestro corazón para que Él pueda entrar.
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D. Tino Bergamaschi habla del lugar que tienen la Santa Misa y la oración en su vida.
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D. Tino Bergamaschi nos recuerda la importancia de escuchar y meditar la Palabra de Dios. Su Palabra se convierte en vida para nosotros.
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D. Tino Bergamaschi habla de la presencia de la Virgen María en su vida y del sacramento de la penitencia como parte del ministerio sacerdotal. En la confesión, a través del sacerdote, las almas se encuentran verdaderamente con Jesús.
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D. Tino Bergamaschi recuerda el día de su ordenación sacerdotal y cómo se dio cuenta de que tenía que morir a sí mismo para poder vivir para Jesús.
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D. Tino Bergamaschi nos explica cómo entró el Señor en su vida y cómo le mostró que no quería de él «algo», sino «todo». «A Jesús nunca se le dice no», fue la respuesta de su madre. Son palabras que le han quedado impresas en el corazón.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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