Una vida nueva
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- Categoría: D. Juan Miguel Prim
D. Juan Miguel Prim nos habla del sacerdote como hombre necesitado de perdón, pero que, a la vez, está llamado a hacer presente sacramentalmente al Señor en la Iglesia, recordando su verdad y su justicia con misericordia. Exhorta a una gran dedicación a este servicio ministerial, que además incrementa la experiencia del conocimiento del alma humana y da una mayor tensión para vivir mejor la vida cristiana.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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