La llamada de Dios es constante 2/7
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- Categoría: D. José Luis Morrás-Etayo
Desde que era pequeño D. José Luis sabía que tenía que ser sacerdote, pero fue en la universidad cuando empezó a sentir la llamada más fuerte. Nos cuenta cómo el Señor no dejó de insistir hasta que obtuvo la respuesta deseada, un sí incondicional. Además, nos habla de cómo su relación con el Señor y la ayuda que recibía en la dirección espiritual fueron lo que le mantuvieron en el buen camino hasta que entró en el Seminario.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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