Ser de Jesús 3/7
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- Categoría: P. José María Alsina Casanova
Desde niño, el P. José María Alsina Casanova sintió una fuerte atracción hacia el Señor y un profundo deseo de pertenecerle a Él. A los doce años, a raíz de la enfermedad de su hermana, se ofreció a la Virgen para ser sacerdote a cambio de la curación de su hermana. Su entrega fue acogida por el Señor y Nuestra Madre y, pocos años después, con dieciocho años, entró en el seminario. El P. José María nos cuenta que es el amor de Dios el que llena nuestras vidas y que la misión de cada sacerdote es llevar ese mismo amor a las almas.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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