Nada sin Dios 9/10
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- Categoría: D. Valentín Aparicio Lara
La misión del sacerdote es poner en el centro del mundo a Dios. Don Valentín nos ayuda a profundizar en el misterio del amor de Dios que nos quiere regalar su propia vida divina. El amor busca ser correspondido y no hay mayor sufrimiento que cuando es rechazado. El sacerdote que quiere llevar el amor de Dios al mundo primero ha de estar lleno de ese amor él mismo. Tampoco se trata de hacer muchas cosas sino de hacer lo que Dios quiere de nosotros, esa es la clave de la santidad.
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Debido a la disminución de vocaciones sacerdotales, existe el miedo a la desaparición del sacerdocio, y esta preocupación nos hace preguntarnos: ¿La Iglesia puede prescindir de los sacerdotes? D. Santiago Arellano, sacerdote de la «Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón», nos responde: «Sin sacerdotes no hay sacramentos». Solo el sacerdote puede consagrar y absolverte de tus pecados para que recuperes la gracia santificante. Son transmisores directos de la gracia de Dios, es Cristo quien actúa a través de ellos. Por esto, tenemos que rezar, insistentemente, para que aquellos que están destinados por Dios para este ministerio respondan por el bien de sus propias almas y de las almas que Dios quiere poner en sus manos.
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